miércoles, 31 de agosto de 2011

Qué difícil el poliamor…


Como bien saben quienes me siguen desde El Sexo de Sofía, me declaro poliamorosa desde hace varios años. Eso significa -dicho muy escuetamente- que creo en la posibilidad de amar a más de una persona a la vez y en que esos amores múltiples pueden vivirse sin engaños. Llevo un buen tiempo inventando maneras de traer esos principios a mi vida, y quiero insistir hoy en que no me ha resultado nada fácil.

Como hablo tanto del asunto, y como creo tanto en este camino, la gente suele decirme: “Para ti será sencillo, pero yo no puedo”. Y se cierra la conversación. Eso sucede cuando los argumentos a favor de la monogamia son insostenibles (lo cual pasa tarde o temprano) y ya no queda más que alegar una característica personal y desacreditar todo mi esfuerzo (y el del resto de gente que lo intenta): “Suena muy bien, pero no soy capaz… para ti en cambio parece tan fácil…”

Como con tantas otras cosas, aquí pensar que es posible es lo primero. Sin eso, no hay caso. Con el bloqueo mental de “no soy capaz” construimos nuestros propios muros. Ahora bien, aunque tumbar esa barrera es absolutamente necesario, no resulta en ningún caso suficiente. No basta con decir “puedo” para embarcarse sin dificultades en una aventura poliamorosa. Queda un largo camino por recorrer entre el pensar y el hacer. Un camino complejo que implica desaprender un montón de hábitos sobre el “amor”, que lo ligan a la propiedad y la exclusividad y que están impregnados en todos los rincones de nuestra cultura, para aprender hábitos nuevos, de amores libres y múltiples, que no están escritos en ninguna parte.

Entonces, más que aprender, hay que inventar. Y el camino de quien inventa no es otro que el del “ensayo y el error”.

He cometido muchos errores inventado el poliamor. Lo he intentado con gente que no lo creía posible y me he puesto -infructuosamente- a convencerles; o con gente que decía querer pero en el fondo no estaba dispuesta a apostarle a la verdad, y arrastraba engaños que al final nos herían. Pero no es sólo que me enamorara de la persona equivocada; los más de mis errores en este camino han dependido solamente de mí. A veces he caído en tentación de compararme con los otros amores de quien amo y mis inseguridades me han jugado malas pasadas, convirtiendo a esas otras personas en una representación de lo que creo que me falta. Otras veces he forzado relaciones sólo porque mi pareja tiene alguna, terminando embarcada en “amores” ficticios. Personas que realmente apreciaba han resultado heridas, porque no supe decirles a tiempo que lo nuestro tenía límites, que ya veía que no era ni iba a convertirse en un “amor con todos los juguetes”: la frontera entre “amor” y “amistad con sexo” me resulta en ocasiones muy confusa.

También he tenido aciertos, inventos que han salido bien en relaciones que luego terminan, porque así son las relaciones: tienen un comienzo y un final, y que se acaben no significa necesariamente que hayan estado mal mientras duraron. Cuento entre los aciertos muchas experiencias grupales y con otras parejas, con quienes ha sido posible construir afectos y placeres. Ha sido un acierto comenzar relaciones haciendo explícito mi rechazo a la monogamia: nos ha ahorrado muchas falsas expectativas. Ha salido bien -cuando he tenido una pareja estable y he querido comenzar cosas nuevas- avanzar de a pocos, comenzando por escenarios más sencillos que se van complejizando: primero una noche de besos en una fiesta, luego sales a comer con alguien y tienes una noche de pasión, más adelante relaciones con otros grados de intensidad… con las necesarias conversaciones, largas y deliciosas, entre cada paso.

Finalmente hay situaciones que sigo sin saber cómo sortear. Por ejemplo, no sé cómo evitar sentirme responsable de las emociones ajenas: me planto desde el poliamor desde el comienzo, pero cada quien se hace las ilusiones que quiere hacerse, a veces distantes de lo realmente posible, y eso cuesta luego desilusiones, que me dejan con un sinsabor: ¿habría podido evitarlas? Pero otras veces soy yo la que se hace ilusiones que desbordan las posibilidades y enfrentada a la realidad no sé qué hacer. ¿Cómo se mantiene creciente otra relación mientras vives con alguien que amas? Tal vez en este caso son inevitables las jerarquías. Tal vez la convivencia implica que sea compartida por todas las personas implicadas; tal vez el poliamor horizontal (sin que existan relaciones “más importantes”) sólo es posible si no se comparte el espacio; tal vez el modelo que mejor funcione cuando hay convivencia con alguien y no se quiere dejarla sea el de relaciones breves, o prolongadas en el tiempo pero que sólo esporádicamente se encuentran. No creo que nada de esto sea irresoluble, sólo creo que yo no he encontrado todavía el modo.

Que no me digan entonces que “para ti es muy fácil”. Porque no lo es en absoluto. Lo que sucede es que me esfuerzo mucho para parecerme a quien quiero ser. El poliamor no es nada sencillo, y a mí también me cuesta, pero entre todos los caminos posibles del amor, me sigue resultando sin duda el más interesante, el más intenso, el más amor.


Nancy Prada Prada
npradapr@gmail.com
@nansinverguenza

9 comentarios:

  1. Hola Nancy, como siempre muy bien escrito y pensado. Cuando te leo me doy cuenta que definitivamente no estoy loco ni pienso cosas que a nadie más se le pasan por la cabeza. ¡¡¡Qué duro es enfrentar el poliamor!!! pero no me veo en otra situación diferente. La monogamía la creo la sociedad con su doble moral, pero no existe en la realidad. Prefiero el poliamor de frente que la falsa monogamia. No es fácil encontrar personas que lo entiendan y lo acepten. Pero falsa monogamia hay en todo lado.

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  2. Comparto contigo que la monogamia es una absurdo imposible de cumplir e impuesto, creo que nunca me he enfrentado a relamente establecer una relacón poliamorosa... más alla de las coquetas invitaciones que me han llegado.

    Seria interesante en este minuto de mi vida explorarlas... pero... como encontrar las aliadas para eso?

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  3. Sí, señora! Gracias por el post, Nancy. Buenísimo el texto y buenísima la elección del tema! Anda que no nos quedan cosas por aprender en el complicado y maravilloso mundo del poliamor... Ahí seguimos! ;)

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  4. Por favor leer el debate del tema en: https://www.facebook.com/nancypradaprada/posts/264559980229228

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  5. ¿Una especie de avatar: Nancy, Sofía, o es Nancy Sofía?. En fin eso no es lo importante. Lo esencial es que eso que llamas Poliamor, (me gusta más panamor) parece ser la senda para salir de tanta mentira. Un beso sideral, Gary

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  6. la cuestion se resuelve si dejamos de endiosar al amor...lo importante es la amistad

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  7. Me encanto tu post, y más me encanta la idea de no ser le unico bicho raro... te dejo algo mío sobre el tema en el útimo post que he escrito 1+1 NO siempre es DOS un saludo a tod@s por aquí.
    http://solopuedoserasi.blogspot.com Te seguiré. Saludos
    A.

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  8. Hola, soy de chile, tengo 30 años, me encanta leer sus historias de vida. No hay mucho espacio para poder expresarse libremente. Saludos a todas las chicas.

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  9. Vivo las mismas situaciones, Nancy. En México (y en Ecuador, a donde viajo con frecuencia) las concepciones de la moral tradicional se mantienen vigentes incluso en el pensamiento (y sobre todo en las actitudes) de muchas manifestaciones feministas, de izquierda... ¡incluso poliamorosas! Mi estrategia de respuesta (para no pegarme un tiro o volverme ermitaño) trata de ser simple, a reserva de pecar de simplista: sentido(s) del humor y del amor, y no como metáforas. Para ambas cosas, es necesario asumir y tener bien presentes, las tres únicas cosas ciertas de nuestra existencia, y que por lo mismo, nos cuestan más trabajo: el vacío, la transitoriedad y la incertidumbre. Estos tres principios conllevan los otros tres: desilusión, desesperanza y desapego (NO en sentido negativo, sino positivo, pues abren caminos, paisajes y horizontes). Muy Zen? Ojalá sí... En todo caso, como escribió Kazantzakis: "Quien juega, gana o pierde; quien ama, vive o muere". Tal vez la cosa es más reivindicar el juego (a lo Joaquín Sabina, en "Jugar por jugar"), que hace el trébol de cuatro hojas con la trilogía (¿ateamente sagrada?) de Miguel Hernández: vida, muerte, amor ("...ahí quedan, / escritas sobre tus labios."). Saludos, y besos!!! e. (efraínrojasbruschetta, Puebla, México)

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