lunes, 12 de septiembre de 2011

Conservadora

A manera de cariñosa respuesta.


Esta fue la acusación que me hizo una amiga hace pocos días: “finalmente eres una mujer muy conservadora”. Lo dijo con motivo de la Orgía de Chicas que estaba organizando y que diez mujeres tuvimos la dulce ocasión de disfrutar. Hoy quería escribir sobre esa noche, que se hizo día entre sus pieles, pero va a tener que esperar, porque me gana el deseo de pensar en voz alta sobre aquella recriminación de “conservadurismo”.

Hace poco escribí una anotación sobre el poliamor, que se titulaba “Qué difícil el poliamor”. Era fácil adivinar que la escribía, justamente, porque atravesaba -y atravieso- un periodo de conflictos con ese tema: situaciones nuevas me han llevado a lugares desconocidos que sigo sin saber muy bien cómo sortear. Como una suerte de mantra me invitaba a mí misma a inventar los caminos. Mi amiga, que conocía bien los conflictos a los que me refiero, se enteró de mi convocatoria a la Orgía de Chicas y se sintió “desilusionada”, tal como ella misma me lo dijo.

¿Por qué desilusionada? Porque yo no había sido capaz de sostener una nueva relación amorosa que intenté echar a andar (paralela a la que ya tengo), pero sí me lanzaba sin más a una nueva Orgía de Chicas, una alternativa, en su opinión, conservadora. Voy a intentar decir mejor lo que apenas sugerí torpemente ante su reclamo, en parte porque me molestó su “regaño”, en parte porque me tomó por sorpresa y necesitaba pensarlo mejor.

Estoy de acuerdo con que participar de una Orgía de Chicas es mucho más fácil que mantener dos (o más) relaciones amorosas a la vez. Tal como yo lo veo, entre tantas opciones posibles la monogamia vendría siendo la más simple, el swinging* añadiría un sustantivo aporte al rompimiento de ese modelo y finalmente perspectivas poliamorosas lo complejizarían al punto de su desestructura. La monogamia se caracteriza fundamentalmente por preservar dos normas: la exclusividad sexual y la exclusividad sentimental. El swinging y el poliamor, respectivamente, rompen con esos dos mandamientos del amor romántico.

Yo comencé, como es apenas previsible en la sociedad que vivimos, siendo monógama. No quiero decir que exista un único camino, ni que tenga un comienzo y fin pre-establecidos. Quiero decir que mi camino comenzó en la monogamia y desde allí se fue desplazando hacia apuestas swingers, con todas las dificultades que quienes han recorrido esos deliciosos rincones han de conocer. De aquella primera “experiencia compartida” ya hace más de una década, incontables encuentros y muchísimas páginas. Por lo mismo, me siento más bien “curtida” en tales lides. En mí, la inquietud poliamorosa llegó tiempo después. Sin necesidad de entrar ahora en el cuándo ni el cómo, es preciso decir que mi recorrido aquí es más corto, que le he dedicado muchos más pensamientos que experiencias reales, que la más intensa de ellas estuvo mediada por la distancia física entre mis dos parejas, y que sólo atesoro en mi experiencia unas pocas relaciones exitosas con personas de la misma ciudad, las cuales han durado mucho menos de lo que hubiera querido, por múltiples razones, algunas de ellas expuestas en la anotación que comentaba al comienzo: “Qué difícil el poliamor”.

En mi más reciente intento, cuando sentí que las cosas se me estaban saliendo de las manos, me asusté, me sentí confundida y decidí detenerme. No quería dejar nada de lo que tenía ni embarcarme en algo nuevo en medio del fragor que me habitaba. Y cuando una está confundida es previsible que vuelva a lugares en los que se siente segura, sin traicionarse. Supongo que por eso, en menos de una semana, organicé una nueva Orgía de Chicas. Me siento segura y feliz en esos espacios. Los otros, los del amor múltiple más allá del deseo, siguen siendo mi norte, pero continúan resultándome misteriosos, y camino a ciegas, por lo mismo, torpemente.

Asiento entonces con mi amiga cuando me recrimina que esta vez he dejado de avanzar. Pero ella se equivoca cuando califica esa parada como un retroceso, y más aún cuando amañadamente me llama “conservadora” por ello. Desconoce así toda la fuerza placentera y política que tienen las apuestas del erotismo grupal, que cuestionan uno de los pilares fundamentales de la monogamia (la exclusividad sexual), y que lejos de conservar el orden de cosas, desordenan el statu quo.

Son extrañas las razones por las cuales una afirma ciertas cosas una tarde de viernes, a veces son mezquinas, y tal vez las de mi amiga no tengan nada que ver con lo que he dicho, pero queda establecida mi descarga, por si acaso.


*Escribí un artículo sobre parejas swingers en el libro “Mundos en Disputa". Pag. 111. Se puede leer AQUÍ


Nancy Prada Prada
npradapr@gmail.com
@nansinverguenza

1 comentario:

  1. para mi, es excelente, aunq mi experiencia es nula en este tema, puedo decirte q nadie esta en calidad de juzgar tus experiencias, puesto q las experiencias son tuyas y de nadie mas, pueden decirte q esta mal y q esta bn, pero no pueden prohibirte hacerlo, el q te critiquen y te digan q estas retrocediendo no significa q lo hagas, solo estas retomando un camino q habias dejado apra avanzar en otra nueva direccion y vivir cosas nuevas. saludos Nancy ^^

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