martes, 20 de septiembre de 2011

¿Qué hacen 10 chicas convocadas a una orgía?

Anduve todo el día pensando en ello, en que esa noche me encontraría con otras que por alguna razón habían aceptado la invitación a una “Orgía de Chicas”. Tenía curiosidad por conocer sus razones. Pero antes había que levantarse, ir a trabajar, hacer una pausa al medio día, cambiar de oficina, preparar clase, dictar clase… hasta que por fin: la noche.

Llegamos a ser 10 en la mesa de un bar. Resultó que algunas se conocían entre sí, aunque no sabían que iban a cumplir la misma cita. La sorpresa no pareció incomodar a nadie. Yo esperaba también a otras mujeres que habían confirmado pero nunca llegaron, en cambio, vi aparecer unas que no había imaginado. Nos tomamos unos tragos y conversamos. Sobre sexo grupal, sobre amores, sobre nuestras historias. A la media noche, las brujas se echaron a volar.

-    ¿Quién será el cuerpo caritativo que nos ofrezca un nido?

Llegamos a su apartamento, altar de los secretos que habrían de revelarse. Antes de que su voluntad les traicionara, tres de nuestras contertulias previas desertaron.

-    Juguemos a los deseos: cada una pide algo… quienes estén involucradas en su fantasía, con toda libertad, aceptan o desisten.

Y así, sin más reglas, se hizo el juego. Tras la primera ronda nuestros deseos se olvidaron de la pista inicial y las fantasías se hicieron carne antes que verbo.

Cuando salimos comenzaba a amanecer. Amo esa sensación de calle desierta, con los primeros rayos de sol y la embriaguez a cuesta: embriaguez de alcohol, de besos, de sudores impregnados en todos los sentidos.

¿Qué hacen siete mujeres (o no) reunidas para una orgía? Mi relato parece una película convencional: un poco de seducción, el ambiente se calienta con los primeros besos, los cuerpos se tumban, vemos una mano subiendo por un muslo y… siguiente cuadro: es la mañana siguiente y esos cuerpos descansan plácidos bajo las sábanas. Nos perdemos lo que sucede durante las mejores horas. Efectivamente he decidido no contárselos esta vez, aunque no por las mismas razones de Hollywood.

Creo que las representaciones de la sexualidad (y muy especialmente de la sexualidad de las mujeres) permanecen ausentes del más amplio espectro de productos culturales (gráficos, textuales, audiovisuales, etc.) por varias razones, entre ellas, porque conviene al sistema social en el que vivimos mantener el control sobre nuestros placeres, cosa que se complicaría si sus muy variadas representaciones se popularizaran. La sexualidad puede ser representada legítimamente sólo en escenarios muy precisos y por ciertas voces autorizadas. Algunos campos disciplinares tienen dicha autoridad: la biología, la psiquiatría, la sexología. También las religiones dicen (o callan) lo suyo. La pornografía mainstream por su parte, (en forma de revistas, video o cine), es el lenguaje poderoso para decirnos la “verdad” sobre el sexo. Pero todos esos saberes sobre la sexualidad coinciden en algunas formas y contenidos, funcionando como pedagogías del placer, delimitando (por amplio que parezca el espectro en algunos casos) cómo han de ser los cuerpos y qué pueden desear.

Por eso es importante producir representaciones de la sexualidad alternativas a esos discursos “legítimos”, y poner a circular otras versiones de lo que ocurre -o puede ocurrir- entre el primer beso y la mañana siguiente. Espacios como el pos-porno y otras iniciativas artísticas le apuestan a esa empresa política. Un poco también en ese sentido, reuní en mi segundo libro (“Secretos Húmedos”) veintiún relatos sexuales de mujeres, que incluyen, literalmente, todos los pelos y señales. (Una reseña AQUÍ; una entrevista AQUÍ; y todavía quedan ejemplares en las librerías!)

Sin que lo anterior deje de ser cierto, pienso ahora que también el espacio del silencio puede constituir una línea de fuga a esa pretensión constante de normalizar los deseos. Lo no dicho se escapa por más tiempo de los afanes controladores. Si no saben “a ciencia cierta” qué pasa en una Orgía de Chicas, más difícil será calificarlo y catalogarlo (¿son prácticas “femeninas”? ¿es placer “saludable”? ¿tuvimos sexo “seguro”?) o inventar, por ejemplo, la rama de la “orgistología less”, lo cual, más temprano que tarde, arruinaría todo lo liberador que pudieran ser las tales orgías. La información, como es bien sabido, da poder. Si no se sabe qué pasó, más difícil le quedará a los poderes establecidos controlarlo. Entonces callar también puede ser una manera de quedarnos el poder para nosotras. Nosotras, que sí lo sabemos, que sí lo sentimos, y que vamos a seguir haciéndonos, de a pocos, cuerpos libres por esos caminos.

Quienes no asistieron a la cita han de quedarse esta vez con esta imagen: varias mujeres deseantes, reunidas para inventar una noche de placeres. Quien quiera saber más, que ponga su cuerpo para averiguarlo.

Sólo un poco más de motivación, para quien la necesite: la voz de algunas mujeres que me acompañaron aquella noche.


C:

“El viernes salí de la ducha y me sentí sexy, con ganas de besar y de que me besaran. Mi cuerpo pedía besos y tacto más que de costumbre, porque esa noche acudiría a un evento que esperaba desde octubre: una orgía de chicas. A las 5:30 de la mañana, tras una noche orgásmica, cinco mujeres me besaron; cada una se acercó a mi cama para agradecer mi hospitalidad, despedirse de mí y dejar mi boca impregnada de sus lenguas satisfechas. Yo quería un beso, recibí muchos y di otros tantos. Tantos, que ahora todas las esquinas de mi casa huelen a besos de mujer feliz (…)

Quiero más besos como los que intercambié el viernes y como los que he tenido la suerte de depositar en muchos labios, mejillas, ombligos, dedos, narices, senos, genitales, hombros y espaldas que se lo merecen. (...) No soy precisamente una chica difícil, pero eso no significa que no sepa negar mis besos o mi cuerpo a alguien que no lo merezca: soy selectiva. Afortunadamente muchos pasan la prueba y lo celebramos juntos besándonos, acariciándonos, dejando la ropa en el suelo y orgasmos en la cama. Así que si la palabra promiscua implica esta oleada de beneficios y no una sarta de improperios escudados en lo normal (como la relación codependiente entre Lola y Leo), me declaro felizmente promiscua, colmada de besos y con ganas de repetirlo (…)”

A:

“Tratando de superar la complejidad de hablar sobre las emociones alrededor del evento, y porque además creo que no sólo participar de él sino socializarlo con quien lo permita es un acto político, voy a intentar resumir en unas pocas líneas lo que pensé y sentí respecto a la noche del viernes.

Ansiedad y sorpresa fueron para mí las palabras que describen mejor toda la noche. Ansiedad porque sentí que al principio las cosas no fluían muy bien, ni en la conversación ni en el apartamento de nuestra anfitriona. Debo reconocer que aquello es normal en mí, porque en general cuando estoy junto a alguien que me intimida me quedo simplemente sin palabras… Y es que sí, me intimida y mucho. (…) Adorable pero molesto. (…)

Sin embargo seguí, ya llevaba 26 horas sin dormir y no iba a salir de allí sin por lo menos tener un motivo para salir disgustada, siempre he pensado que la peor sensación con la que te puedas quedar es con la ansiedad… O con la arrechera.

Creo que justo ahí vino la sorpresa, las muchas sorpresas; no solamente porque no era cierto que estuviéramos aquí por ella, sino porque los caminos de mi deseo me fueron extraños, irreconocibles, nuevos. Me tropezaba torpemente en ellos, pensaba a veces más de lo que sentía y a veces también me reía de mi misma y de las imágenes que pasaban frente a mí. No puedo decir que compartí mucho con muchas personas, de hecho muchas de ellas hoy no tienen nombre para mí, pero me sentí feliz, lo gocé, lo disfruté, descubrí cosas en mí y en las demás, en el sexo, en las palabras, en los sonidos, en los cuerpos. Simplemente es exquisito compartir el sentirse deseada y desear (…) Si, fue toda una sorpresa la noche entera, tanto que creo que aún no ha acabado para mí”

L:

“Debo confesar que me siento muy afortunada al verme caminando estos caminos de la mano de la mujer que más amo en el mundo. Ese viernes había muchas ganas, ganas de sentirme contenta y cómoda. Hacía poco había pasado por días difíciles y las dificultades me hacían pensar en que lo mejor era desistir. Pero no, ahí estaba, con tantas lindas compañías a mi alrededor (…) Mi intención esa noche (y la intención de la mayoría de noches de orgías y sexo grupal) era mirar, pero debo confesar que llega un punto de la noche en el que se hace más o menos imposible quedarme al margen. Y así fue, me sentí contenta, cómoda, muy excitada de vernos y estar ahí con todos esos cuerpos distintos, vibrantes, gimientes, húmedos, tan bellos… y yo que me sentía como pez en el agua. Y al final y después de estas noches llenas de placer y de buenas compañías siento que este es el camino. A su lado…”



Nancy Prada Prada
npradapr@gmail.com
@nansinverguenza

1 comentario:

  1. Hola...me gusto mucho leer este articulo...interesante..te cuento que ando en busca de emociones asi...me piko el bichito de la curiosidad por tener a una mujer en mi cama...que bien describes todo...
    buena nota...buena experiencia.
    Bueno..le dejo mi email...por si algo pasa .un beso a todas
    jugosita40@hotmail.com

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