martes, 1 de noviembre de 2011

Calienta ovarios

Me ha pasado en muchos momentos de la vida -y de los ires y venires de la tal “orientación sexual”- que se me recrimina por “ofrecer y luego no dar”, por ser “puro tilín tilín” o portarme como la selección, “puro toque, toque y de aquello…”.

El reclamo (tácito, por supuesto) se funda en lo siguiente: me encanta coquetear con la gente que me gusta. Ese juego de cruzar miradas y mensajes; de hacerle saber a esa otra persona, por boca de terceros, que siento algo por ella; de abrazarle un poco más estrechamente; de darle un beso, o muchos, cuando los besos son posibles y deseados… y no me parece que todo esto sea necesariamente el preámbulo de nada. Para mí el flirteo significa un placer en sí mismo, pero no así para muchas personas que me he cruzado por estos caminos.

Parece ser que en el lenguaje común de las relaciones (al que a veces me cuesta mucho entrar, como en estos casos) mirarse, abrazarse y darse besos significa “la próxima vez nos vamos a la cama”. La cosa se agrava si ya una vez el coqueteo ha terminado en sexo: no hay manera de librarse de esa tensión en el ambiente que te está halando siempre hacia el mismo final. Qué aburrido: el mismo cuento cada vez.

A mí me gustan más los cuentos diferentes y con finales inesperados. Entiendo muy bien el peligro de estas afirmaciones, porque pueden coincidir exactamente con las que una impúber doncella exclamara, en demanda de “ir más despacio” para preservar su virtuoso cuerpo de intromisiones esporádicas y poco comprometidas. Así que corrijo entonces de inmediato, para que no quepa lugar a dudas: ni impúber, ni mucho menos doncella; con cuerpo virtuoso sí, pero en sentidos mucho más divertidos, y mil veces dispuesta a escarceos de cama, según dicte mi deseo del momento. Pero es que justamente escuchar al deseo propio, explorarlo de verdad, pasa por romper con esos repertorios amorosos y sexuales tan estáticos.

Nacer, crecer, reproducirse y morir. Abrazar, besar, desnudarse y penetrarse.

A ver, de nuevo vamos por partes. Ese repertorio en concreto es delicioso, me encanta, lo he disfrutado muchísimas veces y no tiene nada de malo en sí mismo, como no tiene nada de malo nacer, crecer, etc. Lo que me fastidia es que sea la única opción posible, que se dé por sentado que una cosa viene después de la otra -obviamente- y que por lo mismo hasta existan maneras institucionalizadas de hacer el “reclamo” si la cadena se trunca.

Señoritos y señoritas: a ese juego, no juego.   

Es probable que algo tenga que ver (y aquí me van a chiflar por pretenciosa) el hecho de haber jugado a lo mismo tantas veces. Tantos polvos de una noche, de los que guardo tan gratos recuerdos, ¡y tantos otros que espero por venir! Pero también espero otras cosas (y veo aquí mi razón fundamental), porque he probado los dulces encantos que también tienen. Chatear por horas con esa mujer que te despierta el deseo, y decirle las cosas que una vez frente a ella no te salen de la boca; bailar tan cerquita con este hombre que despierta repentinamente la heterosexual que hay en ti y rozarle la piel con toda intención; cruzar miradas toda la noche en el bar y hablar para todo el mundo cuando en realidad sólo te diriges a esa persona, y que ella lo sepa, o al menos lo intuya.

Entre tales episodios, habrá algunos con los que querré terminar en retozos de alcoba, por supuesto, y habrá otros con los que no. O querré y las cosas no se darán por un buen tiempo y no me invade el afán de ir a buscarlas. O se darán y no me apuntaré para una repetición porque preferiré seguir flirteando otro rato.

¿De verdad está eso muy fuera de sentido? -pregunta retórica.
¿Será que la horda cristiana ha logrado minar mi tan dispuesto cuerpo y me va convirtiendo de a pocos en el reflejo de sus frustraciones? - again.

El caso es que hoy anochecí con ganas de reivindicar mi lugar de “calentadora” (últimamente más de ovarios que de huevos, a todas luces). Tengo el presentimiento que hay bastante más detrás de esta aparente trivialidad. Que mi perturbación esta vez también tiene que ver con el discurso que dicta “el deber ser” de la sexualidad, con la incomodidad que me produce percibir este modelo tan normativo en un campo de la vida del que quisiera erradicarlo. Sin embargo, en esta ocasión no encuentro mejor manera de decirlo. Así que esta vez, el diablo se viste de frivolidad.



Nancy Prada Prada
npradapr@gmail.com
@nansinverguenza

12 comentarios:

  1. Dejarse llevar por el caos, no saber qué va a pasar y, aún así, saber disfrutar del momento (aunque ese momento sólo aporte un abrazo, una mirada cómplice o unas risas compartidas) es una auténtica delicia.

    ¡Me ha encantado la descripción de ese coqueteo! Y tienes toda la razón del mundo, que no es una cuestión de recato, leñe, es que en ocasiones nos gusta disfrutar con otros ritmos o, simplemente, no nos gusta que "el cuento siempre acabe igual".

    ¡Genial!

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  2. Romper con la cadena, he ahí la dificultad de muchos.
    Excelente reflexión!

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  3. GENIALLLL............ MAS CLARO Y SENCILLO NO PUEDE ESTAR PARA QUE ALGUNOS QUE DICEN SER CABALLERON LO ENTIENDAN, CAMBIAR DE RITMO AVECES NO QUIERE DECIR QUE SE LES FRUSTRÉ EL JUEGO. solo lo hace mejor mas divertido e exitante para ambas partes ............

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  4. El q personalmente en los ultimos tiempos seas más "calentadora de ovarios que de huevos" no hace q hallas dejado de serlo virtualmente, por q en mi opinion, y se q no soy el unico q piensa asi, nos sigues calentando a todos y todas por igual con cada escrito y con cada vivencia que nos brinndas... yo creo q tus escritos son el coqueteo llevado mucho más alla de las miradas cruzadas.....

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  5. Entre más personas te lo digan más posibilidades tienes de ser una calienta-huevos-ovarios.

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  6. Este post me causó una cosquilla en cierto lado.

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  7. Eso es lo que más me gusta de vos.....siempre inconforme, siempre en la búsqueda, interesante tu forma de pensar y de ser

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  8. Pues si, el flirteo puede ser un placer en sí mismo, pero aunque trabajes en algo que te gusta mucho, si llega el fin de mes y no te pagan, es definitivamente desagradable.

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  9. Bueno esto se puso caliente así que trataré de mantenerme sobrio. En alguno de tus artículos dijiste una frase que me ha acompañado como un mantra: "el machismo no sólo perjudica a las mujeres, también a los hombres". El feminismo también nos beneficia a nosotros, permitir que las mujeres entren al juego que durante mucho tiempo fue exclusividad del género masculino, como es la seducción, el sólo hecho de pensar que también podemos ser objeto de deseo, es un placer en sí mismo, aunque como dices, no todo termine en la cama.

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  10. ¡Qué pena! nada como seguir y seguir la cadena.

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  11. me gusta lo que escribes... y el coqueteo especialmente

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