viernes, 25 de noviembre de 2011

Crónica de un desencuentro anunciado. Día 0 (los preliminares)

Este año estaba programado el XII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC). El primero se había realizado hace justamente 30 años, en Bogotá, y tras él, más o menos cada dos años, el Encuentro ha ido rotando por distintos países de la región.

Se trata de un evento importante dentro de nuestra genealogía feminista, por lo cual no deseaba renunciar a él, pese a las muchas críticas que ha enfrentado en otras ocasiones. Hay situaciones personales que acrecentaban mi ánimo: no he podido participar de ninguno de estos Encuentros antes, o porque era estudiante y no tenía los recursos para viajar, o en el caso del anterior que fue en México, porque yo estaba becada en España y tampoco podía venir. Que fuera en Colombia, en Bogotá, la ciudad donde vivo, parecía una oportunidad.

Además de las razones individuales, me animaban otras de carácter político: el Encuentro es de todas las feministas de la región, es nuestro y en nuestro nombre se gestionan los recursos para realizarlo. No quiero renunciar a algo que también es mío por derecho. Sin embargo, tampoco deseo tragar entero y aceptar que pase el Encuentro sin que se den en su seno las discusiones que la Comisión organizadora decidió ignorar sistemáticamente. Por ejemplo:

1.    Optar por realizar nuestro Encuentro en el Hotel Tequendama, una institución que pertenece a las fuerzas militares del país, desconociendo la vocación profundamente antimilitarista del movimiento feminista.

2.    Organizarlo sin que existan procesos participativos, que convoquen de manera amplia a las feministas de la región, y no como se hizo: invitando a opinar sólo a las amigas e ignorando flagrantemente otras voces.

3.    Manteniendo con terquedad un único valor de cuota de inscripción ($216.000), que desconoce las diferencias entre mujeres, y deja sin ninguna posibilidad de participar a tantas feministas.

En su momento me sumé a las voces que propusieron alternativas para los dos primeros puntos, sin que las decisiones y dinámicas de las organizadoras cambiaran en lo más mínimo.

Iba a ser ya 23 de noviembre, fecha de inicio del Encuentro, así que me junté con otras feministas, que pese a su inconformidad también deseaban participar y construir, y nos inventamos la acción directa: “NO pagué, NO consumo y PARTICIPO”, inspirada en las ideas que se exponen en este grupo:


Hicimos escarapelas, regamos la bola y nos dispusimos a entrar y participar en el EFLAC, llevando nuestra voz crítica frente a la administración de los recursos que se habían gestionado en nuestro nombre.


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