viernes, 25 de noviembre de 2011

Crónica de un desencuentro anunciado. Día 1 (miércoles 23 de noviembre)

Lea antes:


En el grupo que abrimos en facebook para la acción directa, llegamos a ser 45 feministas inconformes con los planteamientos del EFLAC. Sin embargo, el día y la hora prevista, éramos diez. Más que suficientes.

Nos encontramos en la entrada del Hotel Tequendama.

(Primera nota al margen: para “atender” nuestra crítica frente al carácter militar de ese espacio, la super idea de las organizadoras fue cambiarle el nombre: por esos cuatro días ellas lo iban a llamar “Hotel María Cano”. Igual con todos los salones. Y ya está: como por arte de magia, con nombrecitos bonitos se borra la huella de sangre que levantó y mantiene vivas esas paredes. Como estoy lejos de subestimar a las organizadoras, no creo que sean tan estúpidas como para creer que eso es “resignificar”. Sólo se lavaban las manos. Se ha de estar revolcando en su tumba María Cano.)

Decía que el miércoles 23 nos encontramos en la entrada del Hotel Tequendama diez feministas inconformes, con ánimo de aportar en la construcción de nuestro Encuentro. Mientras nos poníamos nuestras escarapelas de “NO pagué, NO consumo y PARTICIPO” tuvimos el primer llamado a la realidad: sale del Hotel una integrante de la Comisión organizadora, Paola Salgado, mujer a la que algunas de nosotras considerábamos cercana, nos ve y hace como que no. Ni un saludo, ni un gesto, ni una mirada. Camina por nuestro lado hasta la calle, se devuelve, de nuevo pasa muy cerca y otra vez parecemos invisibles a sus ojos. Good bye Paola.

Pero ella no es invisible a los nuestros. La vemos entrar y hablar con sus compañeras de equipo: “esas están en la entrada”. Las llamaré desde ahora, para que nos entendamos, las “chicas pseudo-poderosas”.

Nosotras nos alistamos para ingresar al hotel. Fue sencillo atravesar el primer puesto de seguridad porque ese día todas las mujeres iban recién llegando al Encuentro y era en el lobby donde recibían sus escarapelas y materiales. Parecíamos entonces unas más.

(Segunda nota al margen: inicialmente había un puesto de “seguridad” para atravesar la puerta del hotel; otro para ingresar al lobby; uno más para acceder a los ascensores. En la puerta de cada salón había alguien de “seguridad” del hotel permitiendo (o no) la entrada. Y luego, fueron aumentando los tales puestos, y sus respectivas requisas. ¿Se habrán sentido suficientemente “seguras” las feministas?)

Cinco pasos después de haber atravesado la puerta, todas juntas, se viene de frente la primera línea de las chicas pseudopoderosas: Beatriz Quintero (de Colombia) y Liliana Celiberti (de Uruguay):

-       Mujeres, ustedes no pueden entrar. Si quieren les podemos dar boletas para el evento de esta noche, o pueden estar en la marcha, pero aquí no.
-       Ya… cierto, vamos a estar en la marcha, y en el evento de inauguración de la noche, pero también vamos a participar de toda la programación del Encuentro.
-       ¿Qué, qué? ¿Y quién les ha dado permiso de entrar?
-       Nadie nos ha dado permiso. No necesitamos permiso. Varias hemos participado muy activamente en la construcción de este Encuentro, es nuestro legítimo derecho.
-       Aquí hay unas reglas: ustedes no pagaron, así que no pueden entrar.
-       Hemos construido el feminismo rompiendo reglas injustas. Esta es una regla injusta y no la vamos a cumplir.

Entre tanto, y viendo el círculo y la bulla de la entrada, otras feministas inscritas en el Encuentro se iban acercando. El grupo, entonces, crecía.

-       Es el colmo que ustedes se aparezcan en este evento, con esa violencia y esas agresiones…
-       Cálmate Beatriz. Primero esto no es un “evento”, es un Encuentro. Segundo, ésta es una acción directa no violenta. Diez mujeres paradas en un lobby con una escarapela, hablando contigo, no es ninguna agresión.
-       Es que así no se hacen las cosas! Si estaban inconformes con algún aspecto de la organización debían haberlo manifestado antes, haberse reunido con las organizadoras…
-       Lo intentamos muchas veces Liliana, pero la Comisión organizadora no escuchaba. Tú seguramente no lo sabes, pero quienes estamos aquí en Bogotá tratamos de abrir espacios, de hacer ver los errores que se estaban cometiendo, y nos estrellamos una y otra vez contra un muro de terquedad. Este ha sido el último recurso.
-       Bueno, el caso es que ustedes no pueden entrar.

Para entonces ya había bastantes feministas, que si habían pagado, sumadas a la discusión. Sus voces nos apoyaban. Adentro, en el Salón Rojo, ya estaban reunidas todas las demás esperando el inicio del evento.

-       Que entren, si al final ya todo está pago y ellas no van a consumir nada… que entren! (decían las compañeras que nos apoyaban)
-       Eso es injusto con las que si pagaron (replicaban las chicas pseudopoderosas)
-       Pero si a nosotras no nos molesta, ¿cuál es el problema?
-       Así no se hacen las cosas, ellas no pueden entrar.
-       Preguntémosle a la plenaria entonces, que seamos todas las que decidamos…
-       No, eso lo decidimos nosotras…

El inicio estaba agendado a las 2:00 p.m. y ya casi eran las 3:00 p.m. Entonces sale del Salón Rojo una sensei Pseudopoderosa: Lucy Garrido (también de Uruguay).

(Tercera nota al margen: se dice en los pasillos del Encuentro, que ya todo está arreglado para que la próxima sede sea Uruguay -donde doña Liliana y doña Lucy-, y que incluso se están guardando recursos de este Encuentro en Colombia -básicamente la plata de las inscripciones, unos 300 millones de pesos- para lo que sucederá en Uruguay. Aunque nada de eso debe ser cierto, porque esta vez no hay becas ni tarifas de inscripción diferenciadas justamente porque la platica gestionada con la cooperación (la bobadita de 800.000 dólares) no alcanzaba para pagar los gastos!)

Se aparece entonces la Garrido:

-       Beatriz, Liliana, vengan que ya vamos a comenzar.
-       Pero Lucy, es que estas mujeres quieren entrar y no han pagado!
-       (con mirada de desprecio perfectamente intencional) Ah! Y no que les daba tanto asco que el Encuentro fuera en el Tequendama (con tanta cosa a la pobre Lucy se le olvidó que estábamos era en el María Cano, según su propio invento)… y ahora si quieren entrar, y gratis!

Y tan horonda como lo fue diciendo, se fue dando la vuelta y entrando. De manera que no tuvimos oportunidad de darle la clasecita que tanto necesita sobre movimientos sociales, en la que ella habría podido enterarse de que los movimientos se han inventado unas cosas que se llaman “acciones directas no violentas”, como la nuestra, por medio de las cuales se intenta llamar la atención de un colectivo frente a situaciones de injusticia. Explicarle que aquí la injusticia era el elevado costo de la inscripción, sin atender a las diferencias entre las mujeres y dejando sin ninguna oportunidad de participación a tantas compañeras feministas que son estudiantes, que están desempleadas, o que son de clases populares. Como nos dejó con la palabra en la boca, no pudimos explicarle a sensei Pseudopoderosa Lucy, que nuestra presencia elevaba en sí misma una voz crítica frente al carácter tremendamente elitista de este Encuentro; que algunas de nosotras (como yo) habríamos podido pagarlo y que no lo hicimos intencionalmente, para señalar el desacierto. Si nos hubiera escuchado, le habríamos dicho finalmente que veníamos a poner esa mirada crítica en el espacio, en nuestro espacio, el de todas, nuestro Encuentro. Porque el Feminismo es en sí mismo un movimiento social, una teoría y una ética crítica. Aunque para que Lucy y su combo recuerde eso, me temo que haría falta bastante más que una sola clase.

El caso es que Lucy se dio la vuelta, entró y la perdí de vista. Luego entramos todas, no porque Beatriz y Liliana hubieran cedido en su negativa rotunda, sino porque un tumulto de compañeras feministas nos rodearon a las diez “NO pagué, NO consumo y PARTICIPO”, mientras exclamaban: “Entremos todas”, y entramos.

Así, en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, asistimos a la Apertura del XII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe.

Allí vimos un video sobre la historia de estos Encuentros y escuchamos a varias feministas de larga trayectoria en ellos contarnos sus experiencias. La verdad es que se dijeron algunas cosas muy bonitas, pero no pude conectarme emocionalmente ni un solo segundo: era tremendamente frustrante que todos esos discursos afloraran con tanta naturalidad en el mismo espacio en el que minutos antes se defendía la regla del “si no pagas, no puedes”. Esos minutos se quedarán grabados en mí como el gran teatro de la inconsistencia humana, en este caso, de la inconsistencia feminista.

Más tarde, fuimos también al evento de inauguración que tuvo lugar en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Por disposiciones del teatro se necesitaba invitación para entrar, así que unas feministas amigas nos las consiguieron. En la inauguración vimos la premiación del concurso del “Feministómetro” (una obra de cabaret, de unas chicas mexicanas muy divertidas) y escuchamos al grupo musical Amaxona, que estuvo excelente. La gran ausente de la velada: la muy esperada (al menos por mí) rendición de cuentas. Sólo se esbozó un listado de cooperantes (sin especificar quién dio qué) y una cifra redonda del valor del Encuentro: dos millones de dólares.

También nos dijeron que “más adelante se colgará el detalle en la página web”. Ojalá sea de verdad un detalle y no las cifras gruesas a las que nos tienen acostumbradas. Ojalá también que no se demore tanto como todo lo que tiene que ver en este Encuentro con plata: que siendo viernes 25 de noviembre, todavía está colgado en la página del EFLAC la versión inicial de una proyección presupuestal desactualizada, y un único acuerdo de cooperación: el que se firmó con la Corporación Humanas, que por cierto son términos antiguos porque a ese convenio se le hizo hace rato un importante Otrosi. Faltan los acuerdos con las otras organizaciones que administraron recursos: Humanizar, Mujeres que Crean y el Colectivo de Hombres y Masculinidades (¿qué? ¿por qué el Colectivo de Hombres? ¿no que el cuento era sólo de mujeres?)

Ese fue, entonces, mi primer día, en mi primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe.

(Cuarta nota al margen: en el Encuentro no hay becas ni la posibilidad de cuotas de inscripción diferenciadas, pero lo que si hay de sobra son recursos para el merchandising que llaman: bolso del Encuentro, escarapelas de lujo (hasta tienen código de barras!), cuadernos membreteados, esferos, impermeables marcados para la lluvia, tamborcitos individuales para que cada una acompañe el “ritual” de inicio, bufandas de pluma para la salida del teatro, etc, etc, etc.). Una señal inequívoca de cuáles son las prioridades de las Chicas Pseudopoderosas).

Ah, y un dato final: se hizo papelería especial del hotel, con membretes del Encuentro y demás, para que al momento de registrase en sus respectivas habitaciones, todas muy resignificadas olvidaran que se trataba del Tequendama.

Nancy Prada Prada


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