sábado, 3 de diciembre de 2011

Crónica de un desencuentro anunciado. Día 3 (viernes 25 de noviembre)

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El miércoles, primer día del des-encuentro feminista, había salido con el sinsabor de comprobar en carne propia lo que otras habían anticipado: esa cooptación de tan importante acontecimiento del feminismo de la región por unas pocas, con intereses personales, que en nombre de todas gestionan recursos para hacer sólo lo que ellas quieren, lo que les interesa, y eso que les interesa es: reunir a algunas (las que pueden pagar) en un hotel de lujo, darles muchos regalos y realizar sesiones de trabajo para llenar las matrices de resultados que habían diseñado previamente, para luego llenarse la boca regando a los cuatro vientos una versión: “esto es lo que LAS feministas queremos”.

Mi versión y las de otras miles, en cambio, insiste en que eso que se hizo es sólo lo que quieren unas tantas (quienes por cierto están en su legítimo derecho de preferir el lujo y el despilfarro de recursos a la participación masiva, es su sistema de valores), y que actúan de muy mala fe al intentar hacer pasar un “evento privado” como un “Encuentro Feminista”.

Entendámonos: personalmente no le tengo asco a la gestión de recursos, ya sea ante instancias estatales o de cooperación internacional. Yo misma trabajo en una Universidad del Estado y en una ONG, y pienso que independientemente del origen de los dineros éstos se pueden invertir en cosas valiosas. Creo bastante en lo que llamo “la política del veneno”: meterse en las estructuras para desarticular poderes desde adentro. Pero si algunas tienen intereses particulares, que conformen un grupo, gestionen sus recursos a título personal y hagan lo que a bien tengan. Que no se consigan más de 1.500 millones de pesos en nombre del movimiento feminista de la región, a costa de su amplia trayectoria, para luego dejar por fuera a la inmensa mayoría. Eso es abuso de poder. Eso es poder fundado en privilegios de clase (entre otros), el poder que estamos criticando desde el feminismo, pseudopoder.

El jueves, al verlo con mis propios ojos, salí consternada, claro, pero también animada con la idea de poner esa discusión tan urgente al interior de lo que debía ser nuestro Encuentro. Ya describí antes lo que sucedió el viernes, en buena medida gracias a nuestros ánimos constructivos frente al EFLAC. Pero como no soy de palo, el viernes amanecí bastante triste, bastante desilusionada de los caminos por los que algunas habían llevado la teoría y la ética feminista, hasta esos lugares de absoluta inconsecuencia, tan acomodados en lógicas de exclusión, en los que sólo caben quiénes pueden pagar. Estuve incluso coqueteando con la idea de algunas: haría falta inventar otra cosa, que recoja la genealogía feminista y la lleve a otra parte, donde siga siendo crítica y subversiva. Un éxodo feminista, y esa será otra historia.

En la mañana del viernes, entonces, me abstuve de participar en los debates del EFLAC, y me dediqué mejor a una suerte de catarsis escribiendo la primera parte de esta crónica. Me enteré, sin embargo, que siguieron sucediendo cosas que vale la pena conservar en la memoria colectiva. Supe, por ejemplo, que para entonces buena parte de las participantes inscritas en el EFLAC estaban hartas del Hotel Tequendama hiper-militarizado, y que pegaron carteles de protesta en sus paredes, que más tardaron en ser instalados que destruidos por la “seguridad” de la administración, con la complacencia de las pseudopoderosas. Pero de todo esto sabe más Ana Periférica, quien lo ha registrado en su propia reseña crítica del EFLAC:

"Apuntes críticos sobre el EFLAC. Por un feminismo sin escarapelas ni tarimas"

(Nota al margen: el 24 de noviembre, en el mismo espacio del EFLAC (el hotel de las fuerzas militares) se realizó el “Banquete del Millón”, en el que participaron las reinas de belleza del país, el Procurador General de la Nación (uno de los principales opositores en Colombia de los derechos de las mujeres y otros grupos minorizados) y hasta el mismo Presidente del país. Al lado las feministas seguían en sus conversaciones, como si nada. Algunas les chiflaron a su paso por los pasillos… y ya. Fin de la revolución. De vuelta a las conversaciones para llenar las matrices.)

Ese viernes, hacia las 2:00 p.m. llegué al Planetario Distrital, punto desde el cual saldría la emblemática marcha del 25 de noviembre: Día Internacional de la NO violencia contra las mujeres. Este año, por primera vez, dejaron de marchar muchísimas feministas que viven en Bogotá, excluidas del EFLAC, justamente porque sabían que se trataba de una marcha que llevaba ese sello, y su forma de manifestarse esta vez fue el silencio. Las extrañé infinitamente.

Poco a poco fueron llegando los buses desde todas las localidades de la ciudad, llenos de mujeres que hacen trabajos de base en sus barrios, muchas de ellas feministas, las que participan en los talleres de formación política, las que ejercen los liderazgos en sus comunidades, las que están organizadas en iniciativas por la paz, las que están vinculadas a las Casas de Igualdad de Oportunidades, las que conforman las escuelas de formación en derechos, los colectivos independientes, muchísimas mujeres. Creo que fue la Marcha de 25 de Noviembre más concurrida que he presenciado.

Y yo pensaba, y pienso: claro, para esto si les sirven esas mujeres. Para marchar si son aceptadas por las pseudopoderosas, no para participar en sus discusiones. Les encanta que estén para que “hagan bulto”, para poner en los informes que “somos muchas”, que “los talleres estuvieron llenos”, que el movimiento feminista va creciendo. Pero no califican para participar en los Encuentros Feministas. Allí no les interesa que estén, porque si les interesara priorizarían su participación en vez de los bolsos elegantes. En eso nos hemos convertido: en una jerarquía perfectamente orquestada: unas “saben” y tienen voz, mientras otras llenan los salones a partir de los cuales las primeras gestionan sus recursos.

Me uní a un grupo marchante en el que iban varias amigas, otras participantes del EFLAC inconformes que gritaban consignas contra la militarización, más algunas integrantes de la batucada “El Toque Lésbico”, y alzamos nuestras voces (y tambores) contra la violencia sexista.

Con semejante manifestación, Bogotá se enteró, en buena medida, de que “camina la lucha feminista por América Latina”. Nosotras, desde adentro, sabemos que mientras muchas caminan, sólo unas pocas deciden.

“CUIDADO: El Patriarcado se disfraza de mujer hambrienta de poder”

(Segunda nota al margen: En la página web del EFLAC ya está colgado el Otrosí que modifica el Acuerdo de Cooperación con la Corporación Humanas. Una semana después de finalizado el Encuentro, seguimos todas esperando conocer el texto de los acuerdos con las otras organizaciones que administraron recursos. También seguimos a la espera de la rendición de cuentas, que deberá incluir el monto total de los aportes recibidos por cada uno de los donantes y el gasto detallado (Este es un guiño especial para las Chicas Pseudopoderosas, que sé entre las primeras lectoras de esta crónica).


Nancy Prada Prada


Me faltó por escribir: Crónica de un desencuentro anunciado. Día 4 (sábado 26 de noviembre). El día en que se manipuló con todo descaro la elección de la sede para el próximo Encuentro y se “escogió” a Perú. Comienza con pie izquierdo el siguiente EFLAC.