lunes, 30 de septiembre de 2013

En modo poliamoroso

Hace poco la revista i.letrada publicó una de mis reflexiones sobre el poliamor, que ya había aparecido alguna vez en mi blog. Es lindo re-leerse y valorar las cercanías y distancias con quienes hemos sido.

Les dejo el enlace a esta publicación:

QUÉ DIFÍCIL EL POLIAMOR...


Ya sea porque i.letrada le dio un nuevo aire, o porque estamos en septiembre y en este mes el aire nuevo suele llegar al poliamor, el programa El Sofá, de Canal Capital, le dedicó unos minutos al tema, y ahí estuve aportando un poquito de ese sentir y pensar. Les dejo también el video (minuto 15 al 20), AQUÍ




lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Un reinado de belleza para mujeres trans?

Para quienes no se han enterado, dentro de poco tendrá lugar en Bogotá un reinado de belleza para mujeres trans. Se trata del evento distrital “Mujer T Bogotá” convocado por la Secretaría de Planeación de la Alcaldía Mayor de Bogotá. A mí el tema me parece de no creer y me decidí a compartir las razones por las cuales esto me genera una gran frustración, con el ánimo de animar un debate en torno al asunto, debate que a mi entender debió haber propiciado ampliamente la Alcaldía antes de echar a andar semejante idea.

Lo primero que habría que decir es que dentro del panorama de violencias y discriminación que enfrentan las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas en Bogotá, está plenamente documentado cómo el sector transgenerista es quien lleva la peor parte. Quienes inician su camino de tránsito a corta edad se enfrentan en la mayoría de casos a altos niveles de segregación y violencia dentro de sus hogares, lo cual conduce en muchas ocasiones a la expulsión de ellos; afuera el ambiente no es menos hostil, las oportunidades de educación y de trabajo se estrechan y los caminos conducen casi que invariablemente a la prostitución o a la peluquería como únicas opciones laborales posibles y al gueto como único espacio seguro en la ciudad. Por otro lado, están quienes, conscientes de la violencia que podría significarles asumir públicamente su tránsito, lo posponen durante muchos años, hasta lograr culminar algunos estudios que les permitan independencia económica y ubicación laboral; estas personas, además de pagar el costo emocional que implica “el closet”, tampoco la tienen nada fácil una vez asumen su identidad de género: la mirada inquisidora, los obstáculos en la documentación, las puertas cerradas en muchísimos espacios laborales, la discriminación siempre latente cuando se franquean ciertos círculos.

Este no es el espacio para profundizar en la situación que viven las personas trans en la ciudad, pero sí es el espacio para recordar que en Bogotá la gente se muere por ser trans, ya sea por la violencia física impartida por otros y otras, o por la negligencia de las instituciones que les dejan morir sin ofrecerle los servicios que requieren y a los que tienen derecho. De esa magnitud es la problemática: mortal. Y pasa también por el estigma, que se traduce en analfabetismo, desescolarización, desempleo, explotación, drogadicción, depresiones, abandonos, victimización selectiva en el marco del conflicto armado. Se perfectamente que no son todas las personas trans quienes se encuentran en estas situaciones, pero sí es una abrumante mayoría.

Y frente a eso el gobierno distrital dice: hagamos un reinado. Casi que me dan ganas sencillamente de poner: PLOP.  Pero voy a intentar esbozar las razones por las que creo que este reinado es un gran desacierto de la ciudad.

Me cuentan que se hizo una “consulta popular” y que “eso es lo que ellas [las mujeres trans] quieren”. Pero si una escarba un poquito se entera que la mencionada consulta se hizo únicamente por internet (¿será que las mujeres que están putiando en la calle, inmersas en la economía del día a día, revisarán todos los días sus correos electrónicos o su facebook? Sin ir más lejos: ¿cuántas tienen correos electrónicos o facebook?), y que además de hacerse exclusivamente por internet, la consulta tuvo un nivel de respuesta bajísimo. Preguntarle a 100 personas (no exclusivamente trans) qué piensan, no equivale a hacer una consulta popular, ni da cuenta de un proceso realmente participativo en una ciudad como Bogotá.

Pero supongamos por un momento que sí hubiese habido amplia participación. Supongamos (que no es la realidad) que la mayoría de población trans -y concretamente de mujeres trans- de la ciudad están de acuerdo con que hacer un reinado es la prioridad para ellas. ¿Se valida entonces la iniciativa? No lo creo. Probablemente si consultamos a un grupo de personas con hambre y necesidades básicas insatisfechas qué es lo que necesitan, dirán que comida, ropa, un lugar para vivir. ¿Y entonces? Si el gobierno se limita a darles un mercado, unas prendas de vestir y dos meses de arriendo, al cabo de ese tiempo otra vez van a tener hambre y necesidades. Ya sabemos que las medidas asistencialistas son necesarias pero están lejos de ser suficientes. Y qué tal que los funcionarios y funcionaras dijeran: “Ah, pero es que eso fue lo que la gente pidió”. Pues entonces sobraría todo ese funcionariado de alto nivel, porque no está en capacidad de brindar ninguna asistencia técnica, de mediar entre las demandas de la población y los enfoques de construcción de ciudad que supuestamente son de su experticia.

Lo que acabo de hacer es más bien una caricatura, porque no es cierto que las poblaciones más vulneradas tengan demandas miopes. Eso sería pensarlas como tontas y no lo son. Las comunidades también desarrollan pensamiento crítico –en miles de ejemplos, un pensamiento más complejo que los gobiernos-. Lo que quería señalar es que la administración distrital no puede lavarse las manos diciendo: “hago un reinado porque eso fue lo que me pidieron”.

Piensen por ejemplo en las mujeres violentadas por sus compañeros en sus hogares: es común que una vez se animan a poner la denuncia, intenten retirarla cuando el agresor “se disculpa”, al poco tiempo vuelven a sufrir agresiones, vuelven a denunciar, vuelven a retirarse, y permanecen así, algunas durante mucho tiempo, inmersas en el círculo de la violencia. ¿Qué deberían hacer las instancias encargadas del tema de violencia contra las mujeres? ¿Nada, porque ellas piden que el asunto se quede así? Por supuesto que no. La pregunta que debe hacerse la institucionalidad es ¿por qué la mujer no quiere dejar un espacio que la lastima? Cuando hacemos bien la tarea, nos damos cuenta que lo que se necesita son acciones de empoderamiento de las mujeres, de formación en sus derechos, de oportunidades que les permitan salir del círculo de violencia.

Con un reinado –cualquiera que sea- pasa lo mismo que en el ejemplo anterior. El tema no es que “hacemos reinado porque las mujeres quieren eso”. El tema es analizar el sentido de este tipo de eventos, sus repercusiones simbólicas y materiales, y preguntarse ¿por qué determinadas mujeres quieren un reinado?

Ahora bien: los diagnósticos de ciudad realizados sobre la situación de las personas trans en Bogotá señalan que un reinado no es su prioridad (entre otras, por las razones que enuncié en párrafos anteriores). Tampoco es lo que la mayoría de población trans está pidiéndole al gobierno. Administrar lo público pasa, entre otras cosas, por priorizar (dado que los recursos son limitados ¿cuáles son las necesidades más urgentes que debemos atender?) y por transversalizar las políticas distritales, como la Política Pública de Mujeres y Equidad de Género.

Esto me conduce al punto central de mi malestar con el evento “Mujer T Bogotá” ¿Qué perspectiva de género tiene? Ninguna. ¿Por qué en Colombia no hay un Reinado Nacional de la Belleza de hombres, sino que éste y todos los reinados populares son de mujeres? Porque hay implícita en esos eventos una concepción objetivante del cuerpo de las mujeres. ¿Por qué el distrito organiza un reinado de mujeres trans y no de hombres trans? Con ello, le da continuidad a las mismas ideas sexistas que animan los reinados, en general.

¿Cómo es que desde la Política Pública de Mujeres y Equidad de Género se trabaja para eliminar las actividades y piezas comunicativas que convierten el cuerpo de las mujeres en objeto de consumo, y desde la Política Pública para los sectores LGBT se organiza un reinado, evento por excelencia que objetiva los cuerpos de las mujeres?

El núcleo de las críticas a “Mujer T Bogotá”, que ya se dejan escuchar desde muchos ámbitos es que se trate justamente de un reinado de “belleza”. Pueden tratar de hacerlo parecer otra cosa, decir que se evaluarán solamente los talentos, pero ya la ingenuidad de nadie llega a tanto: si así fuera, ¿por qué hay que enviar una foto de cuerpo entero y alistar ajuar con vestido de coctel, ecofantasía y gala? Con esas condiciones,  aquí y en Cafarnaún, eso es un reinado de belleza.

Existen muchos análisis (de orden internacional, nacional y local) que han señalado lo negativo que resultan para las mujeres los tales “reinados de belleza”, porque lo que hacen en el fondo es promover un estándar de belleza sexista, clasista, racista y heteronormativo. Los criterios que se aplican para decidir quién gana, quien es la más “bella”, pasan por cuerpos delgados, sin pelos, con tetas de tal medida y caderas de tal otra, cinturas estrechas, frondosas cabelleras, rasgos suaves, dientes blancos, piernas largas, cero estrías o celulitis, cierta candencia al andar, etc, etc, etc. Un modelo de “belleza” único, estático e irreal.

Eso ya es bastante malo para las mujeres no-trans, pero tengo tentación de decir que es todavía peor para las mujeres trans, por un lado, porque en este caso sus cuerpos pueden estar todavía más lejos de ese “ideal” ficticio al que se les insta a parecerse para ser más “bellas” (habrá invariablemente que ponerse tetas, aumentar artificialmente la cadera, “afinar” los rasgos faciales, en fin), y por otro, porque la marginalidad en la que muchas están inmersas, derivada directamente de la discriminación por su identidad de género, dificulta el acceso a métodos seguros de intervención del cuerpo, con lo cual, tener esa tal belleza que se demanda implicará someterse a estrategias “caseras” –también documentadas- que producen graves efectos en su salud.

Estas cosas no van a aparecer porque se haga un reinado, claro que no, ya pasan: ya las mujeres trans sienten la presión social que las insta a “normalizar” su apariencia, que alimenta el deseo de intervenir uniformemente sus cuerpos para “pasar por mujeres” y con ello deshacerse del lastre de violencias que las acompaña cuando la gente logra identificar que “antes era un hombre”. Las mujeres trans empobrecidas ya se inyectan aceites de cocina o siliconas industriales en las tetas, nalgas y piernas, ya se automedican, ya se realizan implantes artesanales. Y sufren las consecuencias.

La institución sabe que eso está pasando, que son prácticas habituales, y ahora resulta que en vez de promover transformaciones en los imaginarios sobre el cuerpo y la belleza, transformaciones en los imaginarios sobre la feminidad y la masculinidad (que podrían desestimular estas prácticas nocivas), en vez de incidir más frontalmente en el acceso a salud integral (que podría evitar sus efectos nocivos), la institucionalidad anima los ideales que dan origen al problema.

La razón por la que una se inyecta silicona industrial en las nalgas es porque el contexto cultural le repite incesantemente que “una mujer bonita tiene nalgas grandes”. Si se quiere de verdad erradicar el problema, lo que tenemos que hacer es insistir en que no existe una única forma de ser “bella”, que las nalgas pequeñas están bien, que una mujer sin tetas es linda, que la nariz puede ser de cualquier tamaño, que no hay ningún problema con los pelos y podrían perfectamente dejarse crecer en diversas partes del cuerpo, como hace la mayoría de hombres. O cómo es el cuento: ¿En Bogotá se puede ser trans… siempre y cuando seas una trans “bella” (de esa única forma posible de ser “bella” que los sistemas capitalistas, racistas y sexistas intentan imponernos?)

A mí no me cabe duda que quienes están promoviendo la realización de “Mujer T Bogotá” son personas comprometidas con la superación de la discriminación y las violencias contra las personas trans. Lo sé porque conozco a varias de ellas, conozco la vida que le han dedicado al tema y conozco sus enormes capacidades. Pero desde mi punto de vista, esta vez la energía se está equivocando de dirección. Finalmente, en esta breve catarsis sólo he puesto por escrito lo que ya mucha gente -de los sectores LGBT y no- comenta en la calle. Sobre todo, lo que muchísimas mujeres trans han expresado en distintos espacios, y con mayor vehemencia que yo: que un reinado es lo menos que necesitan tantas mujeres trans tan bellas y llenas de problemas que habitan en Bogotá.

Nancy Prada Prada

Luego de publicada esta anotación fui invitada a un Video Chat en Vivo sobre el tema, que organizó Sentiido. El mismo se realizó el 23 de septiembre de 2013. 
A continuación el video: